HISTORIAS
Tomás López, diseñar para los cinco sentidos.

En el mundo del diseño, pocos profesionales tienen tan clara la vertiente humanista de toda creación. En su estudio barcelonés de Sant Gervasi, ubicado en el emblemático edificio David, sede de muchos despachos de arquitectura e interiorismo, Tomás López y su equipo llevan a cabo proyectos de distinta índole, pero siempre con la vinculación del objeto con el espacio y el cuerpo humano como leitmotiv.

 

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¿Cómo llegaste al mundo del interiorismo?
Desde muy pequeño la arquitectura me tenía cautivado, pero, con el tiempo, fui siendo consciente de que mi vocación es la de diseñador y estudié Diseño de Interiores en la escuela EINA. Más allá de la formación, este trabajo es como un oficio, lo aprendes cada día y eso es lo mejor y más crucial: no dejar nunca de aprender.

¿Cuál podríamos decir que es la diferencia clave entre arquitectura y diseño de interiores?
Básicamente es un tema de escala. La relación con la que yo vinculo el oficio del interiorismo tiene mucho que ver con la idea del cuerpo, del contacto entre el cuerpo y el objeto. La mirada del interiorista ha de tener siempre muy presente la percepción de los sentidos cuando se trata de resolver un espacio.

 

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¿Cómo nace tu estudio?
Mientras aún estudiaba en EINA, empecé a trabajar con alguno de los profesores de la escuela, como Josep Aregall y, a través de él, tuve la suerte de aprender sobre iluminación, la cuestión más efímera del espacio. Al acabar los estudios, Fernando Salas, interiorista y profesor mío durante el último curso, me ofreció trabajar con él. Estuve con él siete años, durante los cuales aprendí realmente el oficio.

¿Qué te impulsó a establecerte por tu cuenta?
Pensé que era hora de tener experiencias más directas con los clientes. El estudio de Fernando Salas era un estudio importante, llevábamos proyectos de nivel y la experiencia técnica ya la había aprendido. Necesitaba dar un paso adelante y ahondar en esta faceta del oficio del diseño.

Y, ¿cómo fueron los comienzos?
Al inicio pensé que me había equivocado. La gestión humana es muy dificultosa. Los diseñadores de interiores hacemos de mediadores entre las personas y los espacios. Eso requiere no solo saber mucho del espacio sino también saber mucho de las personas. Es esa mezcla la que permite gestionar adecuadamente lo que se te encarga.

 

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Tras 15 años al frente de tu estudio, ¿qué crees que lo diferencia del resto?
Básicamente, dos cosas. La primera es la visión humanística del diseño, que para mí está vinculada con el arte, entendiendo el diseño desde una visión que va más allá de la cuestión técnica y perceptiva. Después, la importancia que damos al proceso creativo del diseño del espacio y su relación con las personas que están dentro de ese proceso, desde el promotor hasta los agentes de distintos oficios que intervienen en el mismo.

¿Cuándo das por terminada una obra?
El proceso de un diseño de interiores termina cuando acaba la obra, nunca antes. El proyecto inicial debe irse revisando constantemente y esta es, justamente, la piedra angular de la forma de trabajar de nuestro estudio. Pero aun vamos más allá. Una vez terminada la obra, la fotografiamos para revisarla e incluso, según como, repensarla. La idea detrás de esta especie de auditoria es consolidar todos los cambios que, a veces, se han hecho hasta de manera intuitiva.

 

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Al empezar un proyecto, ¿partís de lo que os pide el cliente o proponéis vosotros la solución que os parece idónea?
Cada cliente y cada encargo son distintos y requieren abordarlos de una manera propia. Me preocupa que el cliente conozca lo que nuestro estudio le puede ofrecer y, a veces, hay que darle la vuelta a la idea inicial de un encargo. Ese es el resultado de un trabajo de gestión entre las personas para conseguir el mejor resultado y que el cliente lo entienda así.

¿Cuántas personas trabajáis en el estudio?
Un arquitecto, un interiorista, cuatro colaboradores y algunos especialistas externos. Tras las personas, hay una metodología que incluye trabajar con maquetas, con cosas físicas que podamos ver todos. Los procesos que estamos llevando a cabo en el estudio han de estar a la vista, no escondidos en un ordenador. En el interiorismo casi todo se hace con las manos y, a nosotros, nos gusta trabajar con las manos. Claro que usamos ordenadores y 3D, pero de manera conjunta con la maqueta y los dibujos. La tecnología es muy útil siempre y cuando se utilice en su justa medida.

 

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¿Y el espacio?
La toma de contacto con el espacio es fundamental. Visitamos constantemente los espacios en los que trabajamos. En las maquetas, las simulaciones 3D o los planos no se aprecian exactamente las condiciones perceptivas del espacio, su luz, el ruido, etc. Muchas veces bromeo diciendo que me gustaría dormir en los espacios que estoy proyectando para ver qué pasa, para llegar a conocerlos de una manera más profunda. Hay muchas cosas que sólo las captas si las vives.

También eres profesor.
Sí, hace ya unos veinte años que soy profesor en diversos sitios.

¿Qué crees que te aporta profesionalmente esta otra faceta?
Me lo ha aportado todo. Del mismo modo que cuando haces un proyecto estás aprendiendo, cuando das clases también aprendes. El simple hecho de relacionarte con estudiantes ya te hace aprender. Ahora el trabajo de la docencia está vinculado directamente con el del estudio, no sé dividirlos.

 

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¿Hay algún tipo de proyecto que crees que aún tenéis pendiente por hacer?
Estamos empezando con otro tipo de cosas: objetos, mobiliario, piezas de diseño industrial vinculadas con la artesanía. Todo ello completa la idea que yo tenía de las capacidades como diseñador, algo que va más allá del registro de interiorista que hace casas y ya está. Por ejemplo, ahora estamos haciendo unas piezas para un taller textil muy importante de Mallorca, con más de un siglo de historia y que irán a la Feria de Diseño de Londres en septiembre. Siempre hemos diseñado mobiliario, pero ligado a un espacio concreto. En este momento, tener la oportunidad de pensar en una colección de piezas sin que estén ligadas a un contexto determinado me hace mucha ilusión.

¿Es ese el camino al que se orienta el estudio?
Sí. Tener la idea no solo del espacio sino también del objeto como capacidad de dar forma al espacio. Crear cosas que tengan mucho sentido pero que tengan otra escala, que se puedan transportar, que no estén fijas.

 

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Entre todos los elementos que intervienen en un espacio, la distribución, la luz, los colores, los materiales, ¿con cuál te quedarías?
La luz. Es el más mágico. Es el material más poético con la que se puede trabajar, tanto si se trata de luz natural como artificial. Un diseñador de interiores ha tener la capacidad de introducir la luz en un proyecto como la que tiene un diseñador gráfico con la tipografía. Es un elemento muy importante para un espacio.

 

Queremos agradecer a Tomás López el tiempo que nos ha dedicado para poder realizar esta entrevista. Podréis descubrir más sobre él en tomaslopez.com.

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